Estamos dentro de una cultura individualista, competitiva, ventajera, estrecha de visión, sin horizontes abiertos ni noción de la envergadura de lo grande. No fue esa la idea al implantar el Idealismo, sino que ésta resultó una consecuencia espúrea. Hegel, o la Entidad que procedió a través de él, quiso otorgarle a la conciencia de su época una herramienta para liberarlos del sometimiento al Rey y a la Religión, y permitirles ser ellos mismos. Pero muy rápidamente los estrechos de visión aprovecharon para sacar ventajas personales. Y así resultó la cultura occidental, a la que hoy tantas otras culturas demandan.
Mucho antes de esto hubo una inmensa cultura o Filosofía Global, durante miles de años: la Filosofía Perenne.
Cada cultura nos da una definición de Hombre y una guía para la existencia.
La actual se volvió tan mezquina que conduce a sus pobres víctimas al suicidio en sus diversas modalidades. Esta versión idealista de hoy no tiene Dioses, no se reverencia ante nadie, y si lo hace, es para solicitarle ventajas a un Dios subjetivo, sin argumentos que lo justifiquen.
No puede haber nunca una cultura válida individualista que rechace el diálogo y el consenso. Una cultura así conduce directamente a la guerra y al exterminio.