y es la realidad soberana de un individuo.
Es subjetiva y susceptible a la mente, o sea, la marcha del organismo está controlado por nuestra mente; su buen funcionamiento depende de nuestra conformidad con lo que nos está sucediendo, nuestro ánimo y disposición.
Tanto es así que si la mente tiene carencias de afecto, de cuidado, de estimulación, el resultado es desastroso.

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